Construyendo el Estado Laico

eSTADO LAICO

Por Francisco Delgado, Laicismo.org, 10 de mayo de 2016

La construcción inacabada y permanente del Estado laico debería de ser un compromiso de todos y todas las demócratas, en el marco del Estado de Derecho. Debería de ser un compromiso social y político. Debería de ser un compromiso institucional.

Sin embargo los guardianes de la religión nacional-católica y de otras confesiones o los “guardianes de la fe” incrustados, muy hábilmente, en el tejido social, en la política, en los medios de comunicación, en el Sistema educativo y en la Universidad, tratan de romper cualquier peldaño que conduzca a establecer la normalidad laicista, es decir la laicidad de las instituciones del Estado; un comportamiento neutral de los servidores públicos ante la cuestión religiosa o cualquier otra convicción ideológica; la separación rigurosa de lo público (de lo que es de todos), de lo que es privado (como las religiones).

En suma, promover la defensa de la libertad de pensamiento, de conciencia (incluida la libertad de religión), también la libertad de expresión, así como fomentar y defender los Derechos Humanos y cívicos universales.

En las sociedades europeas surge la idea y el principio de laicidad a raíz de la Ilustración que significó una enorme revolución sociocultural y política que en aquellos momentos se convirtió en una rebelión de emancipación de las personas contra el poder y el abuso histórico de las corporaciones religiosas: Príncipe y chamán unidos por una “misma causa”, eliminar todo pensamiento crítico y las libertades.

Bastantes décadas después, los procesos de secularización de las sociedades y de las instituciones europeas no se han desarrollado suficientemente. Es más, en algunos territorios están disminuyendo, porque los “guardianes de la fe” están en permanente alerta.

En este territorio del sur de Europa denominado España el último proceso de secularización que se está produciendo es muy reciente y aunque a nivel social se ha desarrollado bastante, en lo político e institucional es muy precario todavía, a pesar de una Constitución (aunque ambigua en esta materia) proclama que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”.

Una historia muy peculiar

Hay que ser conscientes de que la imposición del catolicismo más integrista durante siglos, hace muy peculiar el tratamiento de la cuestión religiosa y mucho más en materia de laicidad. Por lo tanto, hay que tratar la situación y los procesos de forma muy diferente a como ha sucedido y sucede en otros lugares de Europa e, incluso, de América latina.

Desde el III Concilio de Toledo (año 589 de la era cristiana), con la “conversión” del rey Recaredose sellaba la unidad “espiritual” y territorial del Reino Visigodo que dejó oficialmente de ser arriano y se “convirtió” de forma “uniforme” al catolicismo, mientras que cualquier otra religión o convicción ideológica era perseguida desde entonces y hasta hace muy pocas décadas, salvo en muy puntuales y cortas etapas de los más de catorce siglos que han transcurrido desde entonces.

La conformación de los reinos hispanos que terminaron reuniéndose en la monarquía católica del Antiguo Régimen se hizo, en gran medida, a través de la construcción de una personalidad exclusiva y fuertemente católica, que desembocó en el “sumo religioso” de los  Reyes Católicos, incluyendo la creación de la Inquisición española, la expulsión de los judíos o el bautismo forzoso de los moriscos.

La Iglesia española de la Edad Moderna se convirtió en un mecanismo de control, social y político de la monarquía católica absolutista y viceversa. No siendo accesible a las innovaciones de la Reforma luterana, que sólo alcanzó a círculos minoritarios, con lo que los conflictos religiosos de España no fueron comparables a los que se dieron en otros lugares de Europa.

España y Portugal y el resto de territorios ibéricos y los dominados por la corona imperial española en América latina se convirtieron en un “férreo bastión católico” que cometieron crímenes de lesa humanidad en defensa de la fe.

Mientras que en Europa el “movimiento ilustrado” se iba consolidando y aunque Napoleónsuprimió la Inquisición española en 1808, en España, la Constitución liberal de 1812, reafirmaba una eterna catolicidad en todos sus territorios (que hoy -en parte- perdura), cuyo clero mantenía el control de las instituciones del Estado y, sobre todo, de la Enseñanza.

Fernando VII restablecería la Inquisición (como Santo Oficio o Juntas de fe) hasta bien avanzado el siglo XIX, siendo la última víctima, el maestro de escuela Cayetano Ripoll en Valencia (en 1826).

Salvo en muy breves periodos liberales del siglo XIX y XX, -en parte- el período político de la II República y hasta después del Concilio Vaticano II, que la dictadura franquista concedió una muy restrictiva “ley de libertad religiosa” en 1967, la Iglesia católica y las instituciones del Estado han caminado juntos y en todos sus territorios.

La religión católica ha sido la del Estado y sus símbolos y rituales han formado y aun hoy forman parte muy extendida del panorama urbano y rural. Ya no digamos los privilegios económicos y tributarios, políticos, y en materia de Enseñanza, cultura, fuerzas armadas y servicios sociales, que los Concordatos de siglo XIX y XX y los Acuerdos concordatarios de 1979 han ido estableciendo y reforzando. Conformando una pesada losa en contra de la construcción del Estado laico.

Hoy convive una sociedad plural altamente secularizada, aunque muy apática, junto a grupos católicos muy combativos, verdaderos “guardianes de la fe”, soporte de un clero (mayoritariamente) nacional-católico, que sigue incrustado en la vida política, en centros de enseñanza, en la universidad, hospitales, fuerzas armadas y de seguridad, y medios de comunicación. Configurando una poderosa argamasa en contra de la construcción de un verdadero Estado laico.

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EUROPA LAICA Comprometida con la construcción del Estado Laico

La asociación Europa Laica (fundada en 2001) se define como laicista, entendiendo por laicismo la defensa del pluralismo ideológico en pie de igualdad, como regla fundamental del Estado de Derecho y el establecimiento de un marco jurídico adecuado y efectivo que lo garantice y lo proteja frente a toda interferencia de instituciones religiosas o de otra naturaleza ideológica que implique ventajas o privilegios.

Por ello defiende la libertad de conciencia como principio básico inspirador del laicismo, que presenta dos caras indisolubles y necesarias para ser garantizada: la neutralidad del Estado ante las convicciones y creencias y la libertad individual, si bien ésta debe de estar sometida a los necesarios límites legales, para la salvaguarda de derechos de terceros.

Para Europa Laica, la persona, en tanto que ciudadana, es la única titular de la libertad de conciencia, que debe ser protegida por el ordenamiento jurídico. Toda fe o confesión religiosa es atributo de una conciencia individual, nunca de una entidad colectiva (pueblo, sociedad, Estado o asociación). Es, pues, sólo la conciencia individual, tanto en la libertad de su fuero interno como en las actividades que ejerce en la vida práctica, la que tiene pleno derecho a ser protegida.

Las entidades colectivas carecen de conciencia propia y no son, por lo tanto, sujetos de derecho en materia de libertad de conciencia. Tema éste muy importante, que la Constitución de 1978 no da solución, sino que lo refuerza.

Europa Laica es una asociación española de pensamiento y que promueve la agitación social, con vocación europea e internacional. Está organizada en grupos locales y de territorio. Además de contar con asociados y simpatizantes en varios países europeos y de América latina. Para garantizar la independencia de actuación e ideológica, sólo se financia con las cuotas de los socios y socias y con pequeñas aportaciones de simpatizantes.

Mantiene el “Observatorio de la laicidad y la libertad de conciencia”, registrado en el año 2013 como instrumento de investigación, estudio y difusión. Cada mañana envía, de forma gratuita, un boletín de pensamiento y noticias internacionales a varias miles de direcciones de todo el mundo que previamente se han suscrito.

Europa Laica defiende y exige la laicidad de las instituciones del Estado en una sociedad que es muy plural, así como fomenta y defiende el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de expresión.

Por ello viene reclamando, en el marco legislativo y de forma inmediata: La reforma de la Constitución, una Ley de Libertad de Conciencia, la anulación del Concordato de 1953 y de los Acuerdos concordatarios de 1979, y la anulación de los privilegios históricos de los que todavía disfruta la Iglesia católica, para que se pueda construir el Estado laico.

Concluyendo

En unas sociedades crecientemente diversas, el principio de laicidad del Estado no puede colapsarse por el simple reconocimiento desigual del hecho religioso y del derecho a no ser discriminado por razón de religión, cuando ello suponga privilegios con respecto al conjunto de la sociedad. Las entidades religiosas han de ser tratadas por el Estado como cualquier otra asociación o colectivo ciudadano, ni más ni menos, con todas las garantías, y con todos los derechos y obligaciones.

Los “guardianes de la fe” no deberían de enfrentarse a la normalización laicista en una sociedad plural. Porque el Estado laico, es beneficioso para los creyentes y para la Religión, al igual que para los que no tiene religión.

Lo que no beneficia a la ciudadanía -en su conjunto- son los privilegios. Estos sólo benefician a las “castas” políticas, profesionales o religiosas, que es lo que una parte del clero, de los políticos y de la sociedad desea, en España y en otras partes del mundo.

A nivel europeo los ataques a la laicidad de las instituciones y al derecho a la libertad de expresión, de pensamiento y de conciencia son una constante muy creciente en este inicio del siglo XXI. La vulneración de los Derechos Humanos más elementales se suceden y crecen los integrismos religiosos, nacionalistas y fascistas. Producto de un modelo de un “sistema capitalista depredador” que se alinea con fanatismos de todo tipo, generando mucho dolor a miles de millones de seres humanos y la acumulación de la riqueza en manos de unos pocos.

Hay que reconocer que España es un país de laicidad compleja y en las actuales circunstancias y con lo que sucede en Europa y en otras partes del mundo puede llegar a convertirse en unEstado de laicidad fallida, si seguimos por el actual camino de no secularización de la política.

Europa Laica ha presentado en el Parlamento Europeo en 2015 una “Carta Europea por la Laicidad y la Libertad de Conciencia”, que se pretende extender a los Gobiernos europeos y al Consejo de Europa, como documento de reflexión colectiva. Porque peligran las libertades y la solidaridad. Porque peligra el Estado de Derecho y la justicia social en toda Europa, como venimos observado en estos últimos tiempos.

Francisco-Delgado

 

(*) Francisco Delgado fue diputado en 1977 y senador en 1979, miembro del Consejo Escolar del Estado durante 15 años, en la actualidad preside la asociación Europa Laica. –presidente@europalaica.orgwww.laicismo.org

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Este artículo se ha publicado en el número 246 de la revista Claves. Mayo 2016

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