De vírgenes, alcaldías perpetuas y otros síntomas de la idiotez crónica en España

 Por César Tejedor de la Iglesia, filósofo y responsable de Formación de Europa Laica. Vía Laicismo.org, 18 de agosto
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Virgen del Reposo, patrona y alcaldesa perpetua de Valverde del Camino

Hace ya tiempo que en los países más desarrollados del mundo está más que asumido que la política nos incumbe a todos, pero la religión solo a algunos. Dicho de otra forma, la política es un asunto público cuya vocación es el servicio a toda la ciudadanía (el laos, el pueblo en su conjunto, como una unidad indivisible), mientras que la religión es un asunto privado que nunca debe exceder los límites de la conciencia personal, como decía muy bien Manuel Azaña en aquel famoso Discurso de las Cortes de 1931.

No hace falta recordar que en nuestra vecina Francia, la de presidentes tanto de derechas como de izquierdas, la de Sarkozy y Hollande, la laicidad del Estado no se pone en duda nunca, y la neutralidad de las instituciones públicas en materia religiosa es un imperativo legal desde que en 1905 se aprobara la ley de separación de Iglesias y Estado. ¿Tan difícil de entender es que la religión es una cuestión que atañe solo a las conciencias individuales, y no a un Estado, a una región o a un pueblo entero? Pues sí, En España todavía no estamos en disposición de entender lo que en Francia ya lleva más de un siglo vigente por mero sentido común.

Pero la cosa no se queda ahí. Recuerdo cuando en mi época de instituto, en clase de historia, estudiabamos la Revolución Francesa y su etapa posterior, en la que a un joven de 33 años llamado Napoleón Bonaparte se le otorgó el título de consul “vitalicio”, antes de ser proclamado emperador de todos los franceses. Ya a muchos de los niños y niñas que estabamos en clase nos sonaba anacrónico y rancio que a una persona se le pudiera dar un cargo de por vida. De alguna forma, nosotros ya eramos entonces hijos de la era democrática, y en algo se tenía que notar… Casi dos décadas después de aquellas clases de historia, nos damos cuenta de que en Francia han sabido de alguna forma enmendar sus errores del pasado, mientras que en España por momentos parece que el tiempo no pasa, si es que no vamos hacia atrás. Aquí no solo se siguen otorgando cargos in aeternum, sino que ¡se hacen a vírgenes, santos y patronos!. Hace un tiempo fue la localidad de Navalmoral de la Mata, en Cáceres, la que nombró alcaldesa perpetua a la patrona de la ciudad Nuestra Señora de las Angustias con el apoyo del PSOE, PP y Independientes y Extremeños, provocando que muchos ciudadanos allende incluso los límites de la región se echaran las manos a la cabeza, quien sabe si recordando aquellas clases de historia que algunos escuchábamos con mofa del pasado. Tan solo Izquierda Unida y Ciudadanos voto en contra. Hace pocos días, aprovechando la fiesta de la localidad de Illana (Guadalajara), otro alcalde “ilustrado”, esta vez del PP, y con votos en contra de los diputados socialistas, nombró alcaldesa perpetua de su pueblo a la Virgen del Socorro, rememorando aquel episodio ridículo de hace cuatro años de la ministra de empleo Fátima Báñez encomendándose a la virgen del Rocío para salir de la crisis, y convirtiendo a España en el hazmereir de Europa, la Europa del siglo XXI.

 

La Virgen del Socorro de Illana (Guadalajara) con el bastón de alcaldesa perpetua. El Diario

La Virgen del Socorro de Illana (Guadalajara) con el bastón de alcaldesa perpetua. El Diario

 

Desde la asociación Europa Laica hemos declarado que este tipo de episodios son un “insulto a la inteligencia”, y es que no se pueden describir de otra manera. ¿Alguien se ha parado a pensar, aunque sea solo ligeramente, en lo que significa la expresión “alcalde/sa perpetuo/a”? Suena a algo ciertamente antidemocrático. Pero si a eso le añadimos que no es una persona de lo que hablamos, sino una virgen, inmediatamente se nos va la memoria a la Edad Media (al menos a los que han estudiado algo de ella), cuando el Estado -la política- aún era un instrumento de la Iglesia -la religión- para hacer valer sus propios fines morales, económicos y simbólicos.

Sin duda, el clericalismo teológico-político está más vigente que nunca. La alianza entre el poder político y el poder religioso católico en España sigue siendo una realidad, toda vez que nadie se haya atrevido aún a derogar el concordato que firmara Franco con la Santa Sede en 1953 y que sigue vigente gracias a los anacrónicos y vergonzosos acuerdos del 3 de enero de 1979, ya bajo el amparo constitucional. Me refiero a esos acuerdos que todos los partidos de izquierdas, siempre en campaña electoral (ese periodo en que en España está permitido prometer el oro y el moro sin necesidad de presentar avales de lo dicho), han prometido anular, derogar, limitar, etc… pero que luego no se han atrevido a tocar cuando han tenido la posibilidad de gobernar. En este caso el alcalde y concejales de la bella e interesante localidad alcarreña de Illana, que desde hace poco tiempo tengo el inmenso gusto de frecuentar, se han emborrachado de poder y, en compañía de los vicarios de la Diocesis, presidieron juntos este vergonzoso nombramiento a la patrona de la localidad, sin ni siquiera darse cuenta de que se trata de un acto de imposición religioso ilegítimo, propio de la época del nacional-catolicismo, a toda la ciudadanía, que no necesariamente profesa esas creencias.

Ya el hecho de que el alcalde, en el ejercicio de su cargo público (como persona particular tiene y debe tener plena libertad para asistir a una homilía católica, a una mezquita o blasfemar de todo tipo de creencias religiosas, si quiere) que representa al común del laos (el pueblo, entendido como unidad indivisible), y por tanto como representante de la “voluntad general”, como decía Rousseau, y no de una voluntad particular de una parte de la ciudadanía, no debe participar en actos ni religiosos ni ateos. Un cargo público no tiene potestad para hacer alarde de sus creencias o increencias particulares, durante el ejercicio de su cargo. Pero mucho menos paraimponer a todo el pueblo un tipo de tutela religiosa perpetua, como parece que está siendo la última ocurrencia de algunos de nuestros alcaldes en España.

Y lo peor de todo es que lo hacen por ese afán populista de agradar panem et circenses al pueblo, sin entender que se trata de un acto de corrupción simbólica que excede los límites de sus competencias políticas. Al fin y al cabo, mientras haya fiesta, que no sea hable más. Tan hartos estamos de la corrupción económica, que ni siquiera nos damos cuenta de que hay otros tipos de corrupción asociados a ella. En este caso, un político hace uso de su poder para imponer a todos, aunque sea solo simbólicamente, una virgen como alcaldesa perpétua. ¿No sería más sensato y bueno para la prosperidad de nuestros pueblos y ciudades empezar a exigirle a la Iglesia que pague todos los impuestos que no pagan en España, por mor de la inmensa lista de privilegios que le otorgaron aquellos acuerdos del 79? ¿Tan desnortados andamos los ciudadanos españoles como para seguir aplaudiendo este tipo de actos obscenos para la inteligencia y para la aconfesionalidad del Estado, y olvidándonos de lo que realmente importa atoda la ciudadanía? A pesar de algunas voces ilustradas que se echan las manos a la cabeza y reclaman no solo lo que es de justicia, sino básicamente de sentido común, quizás en España aún no estamos preparados para la Ilustración que en otras naciones llegó hace ya algunos siglos. Quizás el hombre-masa del que hablaba Ortega y Gasset sigue vociferando más fuerte que el que lee con sentido pedagógico y crítico la historia para no repetir los errores y las injusticias del pasado. O simplemente más fuerte que el que lee, sin más. “Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo impone dondequiera”, afirmaba Ortega hace ya 80 años en La rebelión de las masas. Al alcalde de Illana, a la alcaldesa de Navalmoral de la Mata y sus secuaces clericales solo les ha faltado invocar el “Compelle intrare” (Oblígales a entrar) de la parábola del banquete (Mateo 22: 1-14) para decirles a sus conciudadanos que la libertad de conciencia en España sigue siendo un timo, un derecho invocado pero que nunca nos han dejado ejercer, pues nuestras instituciones públicas siguen al servicio de una única opción espiritual particular, que tiene un poder desorbitado, pues ni siquiera la misma monarquía, el Jefe del Estado (institución aún hereditaria en España, si todavía algún ingenuo no reconoce la idiotez crónica del pueblo español a estas alturas), se corta a la hora de proclamar y alardear de su alianza dinástica con la Iglesia católica.

Que Dios nos pille confesados…

 

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