En silencio, España se ha convertido en una de las naciones menos religiosas de Europa

 

Aunque muchos Ayuntamientos y grupos políticos (Zaragoza es el último ejemplo) no quieran enterarse,  según revela el último estudio de Pew, España es uno de los países europeos que menos importancia da a la religión para definir a “un español”..

 

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Fuente: Mohorte, Magnet, 3 de febrero de 2017

Cuestionado por los elementos que definen a un “español”, un campesino del siglo XIX, posiblemente, habría respondido que su calidad católica. Su religión. Tres siglos antes, una artesana habría antepuesto su catolicismo a su condición nacional, por aquel entonces inexistente. Mucho antes, durante la Edad Media, un caballero podría haber tenido una vaga idea de su “españolidad”, pero ante todo habría sido “cristiano”.

A día de hoy, tan sólo un 9% de los españoles creen que la fe sea indispensable para la definición de su identidad nacional. Un 9%.

La cifra puede parecer una obviedad. Una cosa es tu nacionalidad y otra tu religión. Pero no lo es tanto. Según revela el último estudio de Pew, España es uno de los países europeos que menos importancia da a la religión para definir a “un español”. Mientras en Grecia la cifra supera el 50%, en EEUU el 32%, en Italia el 30% o en Reino Unido el 18%, España está a la cola, junto a Suecia o Países Bajos.

El trabajo se enmarca dentro de un proyecto global de Pew con el objetivo de entender qué representa un “nacional” frente a un “extranjero” en cada país del mundo. No es una pregunta irrelevante. Desde el Brexit hasta Donald Trump, pasando por la reticencia de muchos países europeos a acoger a refugiados sirios o iraquíes, son numerosos los movimientos políticos que defienden priorizar “a los de aquí” frente a los de “fuera”. Estaría bien, por tanto, saber qué constituye “ser de aquí”.

 

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Pew ha cuestionado a los ciudadanos de diversos países en varios aspectos. Uno de ellos, por ejemplo, es el lenguaje. Otro, haber nacido en el país de turno. Y otro, la religión cristiana. En líneas generales, no es un factor importante.

Pero hay grados, naturalmente, y España se encuentra en la parte muy baja de la tabla. Las cifras son relativamente homogéneas, además, entre todas las generaciones: los más jóvenes (18-34 años) sólo consideran en un 7% que es “muy importante” ser católico para ser español; los maduros (35-49), en un 6%; y los más mayores (+50), en un 13%. La diferencia entre el grupo más o menos entusiasta es de seis puntos, la más baja junto a Suecia.

No sólo eso: España es el país donde más personas respondieron que la religión “no es nada importante” para definir la identidad nacional de una persona. Un 57%, al igual que Suecia, un país históricamente más secularizado que España.

Es llamativo: España siempre ha sido muy católica

¿Pero por qué debería ser esto llamativo? En parte, por la histórica construcción de la identidad nacional en España. Pese a su apariencia robusta, las identidades nacionales suelen ser maleables y diversas, y no se articulan en torno a los mismos iconos o elementos comunes. Mientras el republicanismo de Azaña era laico, y el impulso nacionalizador de los liberales del siglo XIX aspiraba a superar el dominio identitario de la Iglesia Católica, competidora natural, otros grupos insertaron la realidad nacional a través del catolicismo.

Fue este último, precisamente, el proyecto nacionalizador del franquismo, aquel que vino a bautizarse como nacionalcatolicismo: España era España en tanto que era católica, y un español lo era tal en tanto que era un ferviente católico. No fue un fenómeno exclusivamente ibérico, y otros grupos políticos en Europa también partieron del catolicismo como seña para definir la identidad nacional. Pero mientras en Francia o Italia tenían que competir en democracia con otros grupos, en España el franquismo fue único y hegemónico.

 

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Franco bajo palio, una estampa clásica del franquismo temprano que manifestaba la alianza entre el aparado dictatorial y la Iglesia Católica.

 

La progresiva secularización de la sociedad en España y otros países ha puesto a la religión en un segundo plano. No sólo en tanto que cada vez menos españoles se definen como católicos o acuden menos a las celebraciones religiosas, sino que dejan de ver la religión católica como algo esencial a la identidad de España como nación.

Otra posible respuesta al escaso peso de la religión, en un país tradicionalmente muy católico, dentro de lo que define a un español (en comparación con Italia, por ejemplo), puede ser la débil identidad nacional, una teoría con cierto recorrido en la historiografía española contemporánea pero muy ampliamente discutida, y por la cual los españoles nunca habrían tenido consolidada una identidad nacional muy fuerte (lo que habría favorecido el surgimiento de identidades nacionales diferentes, como la catalana o la vasca).

Lo cierto es que comparada con otros parámetros de la encuesta de Pew, los españoles no tenemos una idea especialmente fuerte de qué significa “ser español”. Al contrario que otros países donde el peso histórico de la inmigración, con varias generaciones a sus espaldas, es muy importante, el único parámetro al alza donde destaca España es en “lugar de nacimiento”. Un 58% de los españoles consideran que es entre “muy importante” y “algo importante” haber nacido en España para considerar a un individuo “español”.

 

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España ya fue uno de los primeros países en legalizar el matrimonio igualitario, pese a la fuerte oposición de la jerarquía eclesiástica. (felgtb/Flickr)

 

En lo relativo a tradiciones y cultura, un 21% de españoles no considera que su conocimiento y práctica sean importantes para definir la identidad nacional de un ciudadano, la tercera cifra más alta, por detrás de Suecia y Alemania. Y en materia de idioma, España es el tercer país donde menos encuestados respondieron que conocerlo era “muy importante” para ser español, un 62%, sólo por delante de Canadá o Italia (algo que se explica por las ricas y fuertes comunidades catalanohalantes, gallegohablantes y euskoparlantes).

La encuesta de Pew, en muchos sentidos, reafirma otros aspectos seculares de los españoles. El progresivo y acentuado descenso de los matrimonios por la iglesia o la altísima aceptación de cuestiones muy controvertidas para la Iglesia Católica, como el matrimonio homosexual (un 88% para España, la cifra más alta del mundo según Pew), indican que la religión, aunque latente, ha pasado a un plano muy secundario. En muy poco tiempo.

 

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