El obispo que inventó el Arca Santa

Los investigadores sostienen que Pelayo de Oviedo, consejero de Alfonso VI, elaboró un relato legendario sobre las reliquias para reforzar su propio poder

Fotografía de archivo, Miki López. LNE

Fuente: La Nueva España, Elena Fernández-Pello, 15 de marzo de 2017

Las reliquias de la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo se vinculaban tradicionalmente a la monarquía, desde la época de Alfonso II el Casto. Sin embargo, investigaciones como las llevadas a cabo por la historiadora del Arte de la Universidad de Oviedo, Raquel Alonso, afirman que fueron los obispos los creadores de una tradición que sirvió para atraer peregrinos y aumentar el prestigio de la diócesis. Entre todos ellos, en la invención de la leyenda del Arca Santa y sus tesoros, destacó el obispo Pelayo, que llegó a la diócesis en 1101, que fue consejero de Alfonso VI y que no dudó en manipular y crear documentos para respaldar sus intereses.

La restauración del Arca Santa, cuyo comienzo está anunciado para la próxima semana, podría sacar a la luz algún dato inesperado pero lo que es indiscutible es que en torno al Arca Santa hay mucha leyenda, algunas muy evidentes y otras enmascaradas como hechos históricos.

La historiadora Raquel Alonso sostiene, en un artículo publicado en la revista especializada “Locvs Amoenvs”, que el obispo Pelayo de Oviedo continuó el relato que empezaron sus antecesores pero “aprovechó con especial habilidad e inteligencia los elementos relativamente sencillos puestos a su disposición: un clásico relato de ‘inventio’ y un relicario excepcional”.

Previamente, según las crónicas, el obispo Arias de Oviedo había aprovechado el paso de Alfonso VI para abrir el arca en su presencia, un hecho que recoge el acta de apertura datada en 1075 firmada por el rey, las infantas y hasta el propio Cid.

Pelayo, que sincretizó las tradiciones que ya existían, lo incorporó a su relato. Al obispo le interesaba asociar la memoria de los reyes al territorio asturiano, para sus propios fines. Elabora, según la medievalista, una “topografía simbólica”, que establece un punto central, la Cámara Santa de Oviedo, y hace de la ciudad la sucesora de Toledo y Jerusalén.

Los cabildos hispánicos, según Alonso, no tuvieron reparo alguno en transformar su memoria durante el siglo XII y para conseguirlo ” falsificaron, interpolaron y destruyeron documentos antiguos. Pelayo no fue, en consecuencia, una excepción”. Y sus maquinaciones se entienden el contexto de las luchas emprendidas por las diócesis para conservar y aumentar su poder y sus privilegios.

La investigadora de la Universidad de Oviedo ha constatado que no existe “ni una sola referencia documental o cronística” que demuestre “una veneración destacada al relicario ovetense antes de los años finales del siglo XI”. Hay varios documentos que se refieren, entre los siglos IX Y XI, a las reliquias que se custodiaban en la iglesia del Salvador. Algunos y se encuentran recogidos en el Liber Testamentorum Ecclesiae Ovetensis, una recopilación promovida por el obispo Pelayo. Es sabido, y de ello ha dado cuenta el historiador Francisco Javier Fernández Conde, que muchos de esos documentos fueron falsificados interesadamente por el obispo. Ese es el caso de los que recogen varias donaciones a la sede episcopal.

Algunos contienen relatos tan curiosos como el de la donación efectuada en 1012 por la condesa Mumadonna, a la que asistió como testigo, según el texto, un tal Andreas, obispo griego, junto con su discípulo Gregorio, tratados como peregrinos atraídos a Oviedo por la enorme fama de su relicario. La condesa Mumadonna vuelve a aparecer más adelante en el libro, con otro donativo.

La documentación “cocinada” en “la oficina de Pelayo”, según Raquel Alonso, tiene “escasa credibilidad” aunque la existencia de reliquias en la Catedral de Oviedo en el siglo IX es indiscutible, y de ello ha dado sobrada cuenta el arqueólogo César García de Castro, al que Alonso cita. No era nada raro. Las reliquias abundaban y eran utilizadas en ritos como la consagración de las iglesias. En eso la Catedral de Oviedo no fue una excepción.

Entrevista con Raquel Alonso, La Nueva España, 13 de marzo

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