Educación segregada. También por sexos

Igualmente erróneo y pernicioso a la educación cristiana es el método llamado de la coeducación, fundado también, según muchos, en el naturalismo negador del pecado original, y, además, según todos los sostenedores de este método, en una deplorable confusión de ideas que trueca la legítima convivencia humana en una promiscuidad e igualdad niveladora... (Divini illius magistri)

Pío XI., autor de la carta encíclica Divini illius magistri (1929)

Enrique del Teso, La Voz de Asturias, 14 de abril de 2018

Abundan los cantores al capitalismo y su intrínseca perfección. Pero con el capitalismo pasa como con la inmortalidad que, como decía Borges, es una convicción rarísima. De hecho, las palabras que definen la esencia del capitalismo se refieren siempre a una parte de la población, nunca se dicen para todos, como sería el caso si se dijeran en serio. Cuando se habla de competitividad o eficiencia se habla siempre a los de abajo. La competitividad y la eficiencia se invocan para despidos, bajadas de salarios o mermas de los servicios públicos. Los grandes sólo compiten cuando no hay más remedio.

Los grandes de verdad intentan siempre eludir la competencia. Prefieren tratar con los poderes públicos como decía aquel personaje de Chirbes, «se necesitan cere­moniales, ritos, saber […] cuándo tienes que seducir­, acariciarle la nuca a alguien, hablarle suavemente al oído, rozándole con los labios la oreja, cogerlo por los riñones, abra­zarlo, acariciarle los lomos, […] cuándo toca dejar caer una frase que sabes que se le ajusta al otro entre dos miedos y trabaja como una palanca […] conocer en qué punto una pizca más de presión quiebra el caparazón». Sin embargo, cuando se utiliza la palabra libertad, nunca se habla para los de abajo. Los cantos a la libertad siempre son para proteger intereses de las alturas. La enseñanza sabe mucho de esas cosas. Si oímos sostenibilidad o eficiencia, es que aumentará el número de alumnos por aula o desaparecerán desdobles de idiomas. Si oímos libertad, siempre habla el Opus, el obispado, el PP o la Concapa. Precisamente ellos, a quienes nada debe ninguna de nuestras libertades. Siempre es algún poderoso o representante de poderosos porque a ellos se dirige la palabra libertad, por hermosa que sea tal como está en el diccionario.

Pero la vocación de adoctrinar a través del sistema educativo es feroz. Se denunció, tal vez con razón pero desde luego con hipocresía, la voluntad del nacionalismo de adoctrinar en la escuela. Pero la hostilidad indisimulada del PP con la enseñanza pública y la desmesura con que fomentan y favorecen la enseñanza concertada no tiene más fundamento que la apetencia de que la Iglesia influya lo más posible en la enseñanza; es decir, el adoctrinamiento puro y simple. El soporte argumental es esa palabra que nunca se dice en serio para todos: la libertad, que se quiere confundir torticeramente con desregulación y falta de reglas, con no poner trabas a que los centros de la Iglesia puedan elegir el tipo de alumnos que quiere formar y los padres puedan elegir el tipo de compañías que quieren para sus hijos, todo ello a cargo del dinero de todos. Si hubiera alguna forma de enfocar civilizadamente la concertación de centros, desde luego no sería esta.

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